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Manejo clínico del puerperio y fertilidad en la vaca lechera en sistemas intensivos (segunda parte) Destacado

Manejo clínico del puerperio y fertilidad en la vaca lechera en sistemas intensivos (segunda parte)

  Sanidad:  

Tratamiento
Existen diversos tratamientos como la remoción manual de la placenta en combinación con la aplicación local de antibióticos (infusiones intrauterinas) y la administración de productos hormonales (oxitócicos y PGF2a). La eficacia de estos tratamientos es discutible. La remoción manual de la placenta es el tratamiento más popular; sin embargo, no es el mejor, ya que ocasiona daños en el endometrio, que van desde ligeras hemorragias a hematomas, aun cuando no haya evidencias externas. Además, la remoción manual disminuye la capacidad fagocitaria de los leucocitos uterinos, lo que resulta en una metritis más severa, mayor retraso de la involución uterina y un bajo desempeño reproductivo. Otro tratamiento consiste en cortar la placenta a nivel de la vulva. Posteriormente cuando la placenta se ha separado de las carúnculas, debido al proceso de descomposición del tejido, una ligera tracción por la vulva es suficiente para retirarla, sin consecuencias. Estas vacas deben vigilarse por si presentan fiebre, y deben integrarse inmediatamente al programa de revisiones posparto, ya que seguramente desarrollarán metritis o endometritis. La administración de antibióticos, tanto en los casos de remoción manual como en aquellos en los que se corta la placenta, depende del estado general de la vaca. Se debe tener siempre en mente que la RP es el principal factor de riesgo de metritis, por lo que las vacas deben ser observadas para detectar oportunamente a aquellas que presenten fiebre. También se debe considerar que los antibióticos inhiben la putrefacción de las membranas fetales, lo que puede retrasar su expulsión. En caso de optar por la administración de antibióticos, se debe elegir la vía parenteral en vez de la intrauterina, ya que esta última provoca irritación del endometrio, lo cual se asocia con baja fertilidad.

Los tratamientos hormonales estimulan la movilidad uterina (oxitocina, estrógenos y PGF2a); sin embargo, no hay evidencias clínicas en las que se demuestre su eficacia; además, la causa menos frecuente de la RP es la incapacidad mecánica del útero para expulsar la placenta.

Prevención
Las estrategias de prevención de esta patología deben estar orientadas a disminuir la influencia de los factores de riesgo de la RP. Así, se debe disminuir la incidencia de abortos mediante programas eficaces de vacunación y bioseguridad; evitar periodos secos muy largos para que las vacas no lleguen obesas al parto; intervenir lo menos posible en los partos, y si se asiste, se debe hacer con estrictas medidas de higiene; ofrecer sales minerales de buena calidad y administrar antioxidantes antes del parto (vitamina E, selenio y beta carotenos.

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Se han evaluado diferentes tratamientos con PGF2a, para prevenir la retención placentaria y reducir el tiempo de involución uterina en vacas con puerperio anormal. Así, se han aplicado de una a dos inyecciones de PGF2a en las primeras horas posparto, pero los resultados han sido variables, lo cual ha creado controversia en la práctica clínica. En un estudio reciente se probó si una inyección de PGF2a en las primeras 12 h posparto y una segunda inyección 48 h después, disminuyen la incidencia de patologías uterinas y favorecen la fertilidad en vacas lecheras. En este trabajo, el porcentaje de vacas que presentaron retención de placenta fue menor (P < 0.05) en el grupo PGF2a que en el grupo testigo. El periodo del parto al primer estro fue menor (P < 0.05) en las vacas del grupo PGF2a; el periodo del parto al primer servicio fue similar (P > 0.05) en ambos grupos; el porcentaje de vacas gestantes al día 90 posparto fue mayor (P < 0.05) en el grupo PGF2a que en el testigo.

Infecciones uterinas
Alrededor de 95 por ciento de las vacas desarrolla una infección uterina durante los primeros días posparto; sin embargo, la mayoría elimina las infecciones mediante sus mecanismos de defensa y solamente de 30 a 50 por ciento de ellas desarrollan metritis o endometritis dentro de las tres primeras semanas. Las bacterias más frecuentes encontradas en procesos inflamatorios en útero son: Trueperella pyogenes (antes: Arcanobacterium pyogenes, Actinomyces pyogenes y Corynebacterium pyogenes), Fusobacterium necrophorum y Escherichia coli. Estas tres bacterias actúan sinérgicamente.

Metritis puerperal
La metritis puerperal es frecuente en las vacas que tuvieron retención placentaria. Esta patología se observa en las primeras tres semanas posparto y se caracteriza por la presencia de secreciones abundantes en el lumen uterino de color rojo o café, acuosas, fétidas y retraso en la involución. Las vacas afectadas muestran signos de enfermedad sistémica (toxemia y fiebre >39.5°C) y disminución de la producción de leche.

Metritis
La metritis es el proceso inflamatorio que involucra las diferentes capas del útero (mucosa, muscular y serosa). Esta afección se presenta en los primeros 21 días posparto y se caracteriza por retraso en la involución uterina y secreciones purulentas, y no hay signos de enfermedad sistémica.

Endometritis clínica
La endometritis se refiere a la inflamación de la mucosa uterina; clínicamente se caracteriza por un retraso de la involución uterina y por la eliminación de exudado purulento o mucopurulento. Puede presentarse en los primeros 21 días posparto o más, sin presentar ninguna afectación en el estado general.

Endometritis subclínica
Se presenta entre los 21 a los 40 días posparto, no hay signos externos y sólo se diagnóstica mediante citologías uterinas. Esta condición afecta entre el 20 y 40% de las vacas. Los factores de riesgo identificados son la retención placentaria y metritis.

Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la evaluación uterina mediante la palpación rectal, en la cual se revisa el grado de involución y las características de las secreciones. Además, es necesaria la evaluación clínica general, ya que las vacas con metritis durante los primeros 10 días posparto llegan a presentar fiebre. Otra forma de establecer el diagnóstico es mediante la evaluación de las secreciones uterinas sin la palpación rectal. Se puede hacer mediante la introducción de la mano por vía vaginal, previa limpieza de la región; aunque este método aparentemente puede representar riesgos, la experiencia en campo indica que es un método seguro y rápido. Otra posibilidad es mediante la vaginoscopía, este método permite la observación del cérvix y de las secreciones uterinas. Existe un instrumento (Metricheck) que se introduce por la vagina y tiene en el extremo una campana atraumática que permite la recolección de las secreciones uterinas.

Impacto de las infecciones uterinas en la reproducción y producción
Las infecciones uterinas (metritis y endometritis) alargan el periodo del parto a la concepción; disminuyen el porcentaje de concepción al primer servicio; aumenta el porcentaje de desechos; disminuye la tasa de vacas inseminadas y disminuyen la producción (300 kg menos que las vacas no afectadas). Además, afectan el periodo del parto a la primera ovulación; en las vacas con puerperio anormal los folículos dominantes son de menor diámetro y producen menos estradiol que las vacas sanas. También una menor proporción de los folículos de la primera oleada ovula en comparación con las vacas con puerperio normal. La endometritis subclínica disminuye el porcentaje de concepción en el primer servicio y aumenta los días abiertos. Asimismo, la metritis o endometritis pueden afectar a los oviductos y provocar inflamación, obstrucción y adherencias (este proceso es más frecuente en las vacas que reciben inyecciones de estrógenos).

Tratamientos
Para evitar el efecto negativo de las infecciones uterinas en la eficiencia reproductiva es necesario el diagnóstico y tratamiento oportunos. Existen diferentes tratamientos para la metritis o endometritis, tales como el uso de antibióticos por vía sistémica o intrauterina, infusiones intrauterinas de sustancias antisépticas, y la administración de hormonas.

Antibióticos
Los tratamientos intrauterinos con antibióticos se han utilizado durante muchos años y son una opción, siempre y cuando se consideren ciertos aspectos: que el útero es un medio anaerobio; que hay presencia de exudados y tejidos en descomposición y la existencia de una gran diversidad de bacterias que incluso algunas de ellas llegan a producir enzimas que inactivan a algunos antibióticos. Al ser el útero un medio anaerobio, los antibióticos del grupo de los aminoglicósidos no son activos, puesto que necesitan oxígeno. Por otra parte, la acumulación de exudado purulento y desechos de tejidos en el útero inhiben la actividad de las sulfonamidas. Los nitrofuranos son efectivos contra T pyogenes, sólo cuando se utilizan dosis extraordinariamente altas; las dosis habituales nunca llegan a alcanzar la concentración mínima inhibidora en el endometrio; además, no son activos en presencia de sangre o exudado purulento, son irritantes y se asocian con problemas de fertilidad. La penicilina por vía intrauterina o parenteral es efectiva para curar infecciones entre los días 25 y 30 posparto; es decir, cuando se ha observado una disminución en la diversidad de especies bacterianas (menor probabilidad que alguna bacteria produzca penicilinasa) y predomina T pyogenes, el cual es sensible a este antibiótico. Las formulaciones intrauterinas de cefalosporinas (cefapirina benzatínica) son eficaces en vacas con endometritis entre los días 15 a 20 posparto y no es necesario retirar la leche del mercado. La tetraciclina es el antibiótico más utilizado debido a su amplio espectro y porque mantiene su actividad en las condiciones del útero posparto; no obstante, la probabilidad de resistencia bacteriana es alta debido a su uso continuo durante muchos años, además ocasiona daño en el endometrio y disminuye la fertilidad.

El problema más importante en la terapia antibiótica radica en fijar un criterio de cuáles animales verdaderamente la necesitan. En los casos de metritis puerperal no hay duda, estas vacas necesitan tratamientos con antibióticos por vía sistémica e intrauterina. Sin embargo, en los casos de metritis y endometritis tomar la decisión es difícil, ya que muchas vacas se curan sin ningún tratamiento. En la práctica, antes de administrar antibióticos a las vacas, se deben considerar algunos de los diversos factores: las características de las secreciones uterinas, los días posparto, el inicio de la actividad ovárica, la presencia de fiebre y la condición corporal.

Tratamientos hormonales
En la práctica, es frecuente la administración de estrógenos en casos de metritis, particularmente cuando el útero retiene mucho líquido. Se conoce que los estrógenos en condiciones fisiológicas favorecen la contractibilidad uterina y auxilian en la eliminación de las infecciones; sin embargo, en dosis farmacológicas el efecto es negativo. La administración de estrógenos puede contribuir a que las infecciones asciendan a los oviductos y provoquen salpingitis, adherencias ováricas e infertilidad. La PGF2a juega un papel importante en el parto y durante la involución uterina. En las vacas con puerperio normal, la duración de los niveles elevados de PGF2a está correlacionada negativamente con el tiempo de involución uterina; de esta manera entre más duren los niveles altos de PGF2a el tiempo de la involución uterina es menor. Además, la administración de PGF2a cada 12 horas del día 3 al 10 posparto acorta el periodo de la involución uterina. Por el contrario, en las vacas con puerperio anormal se ha observado una correlación positiva entre las concentraciones de la PGF2a y el tiempo de involución uterina; de esta manera, las vacas con retención placentaria o endometritis tienen niveles más altos de PGF2a. En la práctica, se utiliza un programa basado en la administración sistemática de PGF2a a todas las vacas cada 14 días a partir del día 25 a 30 posparto. La luteólisis ocasionada por la PGF2a ayuda a la eliminación de las infecciones uterinas, ya que acorta el periodo de influencia de la progesterona y promueve una fase estrogénica. Cabe recordar que la progesterona suprime los mecanismos de defensa uterinos mientras que los estrógenos los activan. Aunque el tratamiento repetido con PGF2a puede beneficiar la recuperación del útero durante el puerperio, no disminuye la prevalencia de endometritis subclínica. Cabe señalar que alrededor de 30 por ciento de las vacas desarrolla cuerpos lúteos de vida larga (21 a 50 días) en los primeros ciclos posparto, bajo estas condiciones la inyección de PGF2a, cada 14 días, acorta el ciclo estral y favorece la eliminación de las infecciones uterinas.

Piometra
Esta patología se desarrolla en las vacas que ovulan en los primeros 20 días posparto y concomitantemente padecen una infección uterina. Bajo estas condiciones, la progesterona favorece la proliferación bacteriana y cierra el cérvix, lo que ocasiona acumulación de exudado purulento en el útero. Los cambios ocasionados en el endometrio alteran la secreción de la PGF2a, lo que resulta en persistencia del cuerpo lúteo y anestro. Las vacas con piometra responden muy bien al tratamiento con PGF2a; una segunda inyección de esta hormona, 14 días después, acorta el periodo de recuperación.

Decálogo para el clínico de la reproducción
Las estrategias para reducir la incidencia de las patologías del puerperio y para tratar a las vacas afectadas son diversas y tienen resultados variables. Después de hacer una revisión de ellas, se pueden recomendar 10 prácticas para mitigar el efecto negativo del puerperio anormal en la fertilidad:

* Evitar que las vacas lleguen al parto con una calificación de condición corporal mayor de 3.5

* Administrar antioxidantes antes y después del parto (Beta carotenos o Vitamina E y selenio). Estos reducen la incidencia de RP y favorecen la capacidad del útero para eliminar las infecciones.

* Asistir los partos sólo en casos necesarios. Si se asiste se debe hacer con las medidas de higiene propias de esta práctica médica.

* Administrar una dosis de PGF2a después del parto asistido y repetirla en 48 horas; esta práctica favorece la eliminación de la placenta.

* Si hay RP, no intentar retirarla por vía vaginal. Es recomendable esperar entre 48 y 72 horas para retirarla mediante palpación rectal y tracción ligera. A todas las vacas con RP se les debe medir la temperatura corporal, para identificar oportunamente a aquellas que desarrollen metritis puerperal.

* Establecer una rutina de revisión de las vacas posparto para el diagnóstico oportuno y tratamiento de infecciones uterinas. Se debe regresar a esta rutina, independientemente del tamaño del hato. Recuerden que la inyección de PGF2a cada 14 días no es suficiente para el tratamiento de vacas con infecciones uterinas posparto.

* En vacas con metritis que afecte el estado general, es conveniente administrar antibióticos por vía sistémica durante 3 a 5 días. Las fórmulas de penicilina son eficaces para estos casos. * Reducir el uso de estradiol en vacas con infecciones uterinas.

* Prescindir el uso de la oxitetraciclina por vía intrauterina; hay antibióticos eficaces, inocuos y con cero días de retiro en leche. * Evitar el uso de sustancias irritantes por vía intrauterina (oxitetraciclina o soluciones de iodo). GI. 

Autor/es: Joel Hernández Cerón*

Continuará… 

Modificado por última vez enLunes, 08 Diciembre 2014 01:40
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