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Desempeño reproductivo de establos lecheros de vacas Holstein en diferentes regiones de México

 Reproducción:  

El manejo exitoso del programa reproductivo de una lechería, es uno de los elementos clave para asegurar la rentabilidad. Las tecnologías reproductivas actuales tales como los protocolos de sincronización y demás estrategias reproductivas, están ampliamente distribuidas a nivel mundial con diferentes niveles en el éxito de su implementación. El objetivo de este documento es presentar la información resultante de un estudio observacional en el cuál recabamos y comparamos datos de diferentes indicadores reproductivos de establos con vacas Holstein en 5 diferentes regiones de México y se establecieron evaluaciones comparativas o “Benchmarks” para el 20% más eficiente de los hatos. Adicionalmente, este documento presenta solo con fin informativo, una panorámica de la situación de la ganadería lechera en México.

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Panorámica de la industria lechera en México

México está catalogado en el 16º.lugar mundial, en cuanto a volumen de producción de leche se refiere, aportando un 2% de la producción mundial total. Desde mediados de los años 1990´s la cantidad de vacas en México se ha ido incrementando, alcanzando 2.4 millones de cabezas en el 2010 (Wattiaux et al). Sin embargo, la producción de leche por vaca ha permanecido más bien estable y se ha reportado que la producción por vaca en general es ligeramente inferior a los 5000 Kg de leche por año (Martínez). Actualmente, el crecimiento de la producción de leche en México es inferior al crecimiento promedio mundial. Otros países de la región como Brasil, Argentina y Chile tienen tasas de crecimiento en producción de leche más elevadas, debido a incrementos en el número de vacas y también en la producción por vaca (Dobson and Jesse). La industria lechera de México está altamente fragmentada, es extremadamente diversa y se le puede segmentar en tres sistemas principales: el especializado, el familiar y el de doble-propósito (carne y leche) (Wattiaux et al). Es importante mencionar, que el segmento especializado está altamente tecnificado y se le puede comparar perfectamente con los sistemas de lechería más exitosos de los establos comerciales de EEUU. Dicho segmento produce aproximadamente el 70% de la leche.

Desde el inicio de los años 1990´s, la demanda de leche en México ha crecido consistentemente pero la capacidad de producción doméstica no ha seguido la misma tendencia y la producción se ha quedado más de un 20% por debajo de la demanda. México es considerado el 10º país más grande importador de productos lácteos y solo recientemente ha emergido como exportador de un poco de leche fluida hacia Guatemala (Thorburn). Aunque históricamente hablando, la importación de productos lácteos crecía a través del tiempo, la tendencia a depender de los mercados externos se incrementó drásticamente en la última década. En el 2011 México produjo un poco menos de 11 millones de toneladas métricas de leche pero el consumo fue de 15.5 millones de toneladas métricas, dando como resultado la importación de cerca de 5 millones de toneladas métricas (USDA 2012).

La producción de leche en México aporta aproximadamente un 70% de la leche requerida para cubrir la demanda doméstica. Aproximadamente un 40% de la leche producida es consumido como leche fluida mientras que el resto es empleado en la elaboración de productos lácteos. En general, para el consumidor mexicano, la preferencia es hacia la leche fluida (39 litros per cápita de consumo anual) que es percibida quizás como más saludable y más barata que otros productos lácteos procesados. A pesar de la disminución en las importaciones que hubo en 2008, debida a la crisis económica internacional, los EEUU siguen siendo uno de los principales proveedores de mezclas lácteas, lactosa y suero de leche en polvo para el mercado mexicano. Hasta hoy, México continúa siendo un mercado importante para las exportaciones estadounidenses de leche en polvo descremada, mantequilla, queso y leche fluida.

Recientemente el mercado de la leche en México ha cambiado y es ahora muy desafiante para los productores por diversas razones. Este año se espera que la producción se mantenga estable o tienda a bajar un poco. De hecho, el USDA en sus predicciones para la segunda mitad del 2012, ajustó a la baja el pronóstico de producción, bajándolo de 11.140 millones de toneladas métricas a 10.967 millones de toneladas métricas para el 2012. (USDA 2012). De manera similar, fuentes privadas y cooperativas públicas han expresado que la cantidad de productores ha disminuido de 200,000 que había en 2008, al número actual de 160,000 debido a costos más altos de producción. Desde mediados del 2011 y hasta el primer trimestre de 2012, muchos productores medianos y pequeños han enviado a matadero muchas de sus vacas que se encontraban al final de su ciclo productivo, en lugar de conservarlas para hacer crecer sus hatos. La tendencia actual es que muchas vacas altamente productivas están siendo vendidas por pequeños y medianos productores, a productores grandes, verticalmente integrados y que la mayoría de las veces están asociados a sus propias plantas procesadoras. Aunque es cierto que se está dando este tipo de consolidación de la industria lechera, en el que algunos pequeños productores salen del negocio o reducen el tamaño de sus hatos, la expectativa es que, vacas altamente productivas estarán entrando a la línea de producción y que los productores grandes, serán capaces de sostener en 2012, más o menos el mismo nivel de producción que había en el 2011. Ese sostenimiento de los niveles de producción se piensa que se deberá a una mejor genética en los hatos lecheros así como a mejores prácticas de producción.

En lo referente al precio de la leche pagado a los productores, el mejor precio pagado por LICONSA (el organismo oficial del gobierno federal encargado de la compra y procesamiento de la leche de pequeños y medianos productores) es de 5.60 pesos (USD $0.42) por litro de leche de alta calidad. El segmento especializado (las lecherías grandes, verticalmente integradas) reciben, en la mayoría de los casos, de sus propias plantas procesadoras, entre 5.20 y 5.60 pesos por litro de leche (USD $ 0.39 a 0.42) aunque el mejor precio posible podría llegar a alcanzar 7.00 pesos (USD $ 0.53) por litro, en el mejor de los casos, lo cual es sumamente infrecuente. Por el lado del precio al consumidor, el público está pagando 13.00 pesos (USD$0.98) por litro de leche pasteurizada y 49.90 pesos (USD $3.78) por el galón. La leche UHT cuesta 13.70 pesos (USD$1.04) el litro. El precio de la leche que
LICONSA distribuye a las familias de escasos recursos en 10,000 puntos del país se elevó recientemente y es ahora de 4.50 pesos el litro (USD$0.33).

En resumen, después de varios años de crecimiento importante, la industria de la leche en México parece estarse estancando debido a varios factores, entre los que se cuentan: una larguísima sequía, con los consecuentes problemas de disponibilidad de agua, mayor precio de los alimentos, limitaciones en infraestructura, recesión económica, menor poder adquisitivo de los consumidores, impuestos más altos y mayores precios en combustibles.

Desempeño reproductivo en las lecherías con ganado Holstein en México

El principal objetivo de nuestro estudio observacional fue el comparar indicadores reproductivos modernos de lecherías con vacas Holstein en 5 diferentes regiones de México y establecer evaluaciones comparativas o “Benchmarks” para el 20% más eficiente de los hatos. Se evaluaron datos de un total de 119,097 vacas y 377,025 inseminaciones de Enero a Diciembre de 2010, en 54 lecherías de 5 diferentes regiones del país
(Tabla
1
). Todas las lecherías evaluadas pertenecen al segmento especializado de la industria, es decir, utilizan altos niveles de tecnología lechera en sus sistemas. Los parámetros reproductivos evaluados fueron los siguientes: período de espera voluntaria (PEV), días al diagnóstico de gestación, días a la re-confirmación, riesgo de inseminación (tasa de servicios), porcentaje de utilización de I.A. a tiempo fijo (IATF), tasa de concepción en vacas con IATF, tasa de concepción en vacas inseminadas a celo detectado, tasa de preñez y porcentaje de vacas preñadas a los 100, 150 y 300 días en leche. Adicionalmente se obtuvieron datos sobre producción y desecho.

Todos los datos fueron estandarizados a través del uso del programa DairyComp 305 y evaluados estadísticamente para estimar las diferencias debidas a región, tamaño, protocolo utilizado, y nivel de producción. El análisis de los parámetros reproductivos entre regiones, así como para el 20% más eficiente de los hatos, se hizo a través del procedimiento “MIXED” del SAS, utilizando al hato como unidad experimental. Los datos continuos y de tipo categórico, fueron analizados por medio del procedimiento “FREQ” del SAS, el “F test” para varianza igual y el “Student´s t-test”.

Resultados

Indicadores reproductivos de lecherías con vacas Holstein en 5 regiones de México

Todas las lecherías utilizaban un protocolo IATF dentro de su programa reproductivo, combinado con la observación regular de los celos. La distribución de los protocolos en las lecherías fue como sigue: Un 70% (38 hatos) utilizaban un Presynch convencional consistente en 2 prostaglandinas separadas 14 días, seguidas posteriormente por un Ovsynch 56h.; 15% (8 hatos) utilizaban un Presynch convencional consistente en 2 prostaglandinas separadas 14 días, seguidas posteriormente de un Ovsynch 48h.; 9% (5 hatos) utilizaban un Presynch convencional consistente en 2 prostaglandinas separadas 14 días, seguidas posteriormente de un Cosynch 72 y un 6% (3hatos) utilizaban un Doble Ovsynch.

En la Fig.1 se presenta un resumen de resultados, de los diferentes indicadores reproductivos y de producción. La producción de leche promedio fue de 31 ±4 kg para todos los hatos. El nivel de producción fue mayor (P<0.05) para R2 (37±4 kg.) que para R1 (32±2), R3 (30±3), R4 (32±3), y R5 (30±3). El tamaño promedio del hato fue de 2206 vacas, con un gran rango de variación fluctuando desde 459 hasta 12,630 vacas. El tamaño promedio del hato fue
mayor (P<0.05) para R2 (4,178±3,702) y R5 (3,308±2,573) que para R1 (735±225), R3 (1,484±866), y R4 (1,202±735).

El promedio de días para el período de espera voluntaria fue de 49±6 y no hubo diferencia entre regiones (R1=51±4; R2=51±2; R3=50±4; R4=53±9; R5=47±6). El promedio de días para diagnóstico de gestación fue de 41±4 y no hubo diferencia entre regiones (R1=41±4; R2=37±1; R3=40±4; R4=42±4; R5=40±1). Los días promedio a la re-confirmación fue de 107±30 y no hubo diferencia entre regiones (R1=120±42; R2=94±21; R3=114±37; R4=105±35; R5=91±6). El porcentaje promedio de riesgo de inseminación fue de 60% para todos los hatos. El porcentaje de riesgo de inseminación fue mayor (P<0.05) para R2 (62%) y R5 (65%) que para R1 (58%), y para R3 y R4 (56%). El porcentaje promedio de vacas inseminadas a celo detectado fue de 79% para todos los hatos. El porcentaje de vacas inseminadas a celo detectado fue mayor (P<0.05) para R3 (83%) y R4 (85%), intermedio para R2 (79%) y R5 (77%), y más bajo para R1 (71%). El porcentaje promedio de concepción para vacas inseminadas a celo detectado fue de 32%. El porcentaje de concepción para vacas inseminadas a celo detectado fue mayor (P<0.05) para R1 y R2 (36%), intermedio para R3 y R4 (33%), y más bajo para R5 (29%). El porcentaje promedio de vacas inseminadas con IATF fue de 21% para todos los hatos. El porcentaje promedio de vacas inseminadas con IATF fue mayor (P<0.05) para R1 (29%), intermedio para R2 (21%) y R5 (23%), y más bajo para R3 (17%) y R4 (15%). La tasa promedio de concepción para vacas inseminadas con IATF fue de 29%. La tasa de concepción para vacas inseminadas con IATF fue mayor (P<0.05) para R1 (34%), intermedia para R2 y R3 (29%), y R4 (31%), y más baja para R5 (26%). La tasa promedio de preñez fue de 19% para todos los hatos. La tasa de preñez fue mayor (P<0.05) para R1 (20%) y R2 (22%) que para R3 y R4 (18%), y R5 (17%). El porcentaje de vacas gestantes a los 100 DEL fue de 47% para todos los hatos.

El porcentaje de vacas gestantes a los 100 DEL fue mayor (P<0.05) para R1 (52%) y R2 (55%) que para R3 y R4 (48%), y R5 (44%). El porcentaje de vacas eliminadas hasta los 60 DEL fue de 8% para todos los hatos. El porcentaje de vacas eliminadas hasta los 60 DEL fue más bajo (P<0.05) para R2 (5%) que para R1 (9%), R3 (10%), R4 (8%), y R5 (8%). El porcentaje total de vacas eliminadas fue de 31% para todos los hatos y este parámetro fue más bajo (P<0.05) para R2 (24%) que para R1 (31%), R3 (33%), R4 (33%), y R5 (32%).

Evaluación comparativa (Benchmarking) para el 20% más eficiente de los hatos

La tasa de preñez fue utilizada como indicador para seleccionar el 20% más eficiente de los hatos. Esos hatos dentro del 20% más eficiente tenían mayor (P<0.05) tasa de preñez (23% vs. 18%), período de espera voluntaria (54±3 vs. 48±6 d), riesgo de inseminación o tasa de servicio (63% vs. 60%), utilización de IATF (25% vs. 20%), tasa de concepción a la IATF (35% vs. 28%) y tasa de concepción a celo detectado (38% vs. 31%) que los hatos de menor eficiencia. Igualmente, esos hatos dentro del 20% más eficiente tuvieron menor número de (P<0.05) días al diagnóstico de gestación (38±2 vs. 42±2 d) y a la re-confirmación (91±14 vs. 111±31 d) así como también un menor número de días a la re-inseminación (12±2 vs. 14±2 d); que los hatos de menor eficiencia.

Fue interesante observar que los hatos dentro del 20% más eficiente, producen más leche (P<0.05) que los hatos de menor eficiencia (38±2 vs. 30±3 kg/d) (Figura
2
). Los porcentajes de vacas gestantes a 100, 150 y 300 DEL fueron mayores (P<0.05) para el 20% más eficiente de los hatos (Figura
3
) que para los hatos de menor eficiencia. El porcentaje total de vacas eliminadas fue menor (P<0.05) para el 20% más eficiente de los hatos (28%) que para el 80% menos eficiente (34%).

Conclusiones

Existen diferencias debidas a la región en los parámetros reproductivos de las lecherías de México que pueden ser atribuidas a diferencias en el cumplimiento de los programas, así como a diferencias en el tamaño del hato, administración o manejo y en el medio ambiente.

Los datos relativos al 20% más eficiente de los hatos, sugieren que pueden alcanzarse niveles de eficiencia reproductiva comparables a aquéllos alcanzados en los sistemas más exitosos de los EEUU (Caraviello et al., Moeller et al). Es interesante hacer notar que los hatos situados en el 20% más eficiente en nuestra evaluación reproductiva, fueron también los hatos con mayores niveles de producción de leche. Esto sugiere que puede lograrse una alta eficiencia reproductiva mientras por otro lado se mantienen altos niveles de producción de leche. Esta observación está en concordancia con reportes recientes que mostraron una mayor eficiencia reproductiva en hatos con altos niveles de producción de leche (LeBlanch).

Otra observación interesante es que, aun cuando los hatos menos eficientes tenían períodos de espera voluntaria más cortos y comenzaban a inseminar las vacas más tempranamente en el período postparto, ese inicio temprano de las inseminaciones no mejoró la producción de preñeces para ese grupo de hatos, como lo demuestra el porcentaje de vacas gestantes a los 100 DEL. Se observó así mismo que, lo hatos más eficientes fueron también los que tuvieron porcentajes de desecho más bajos hasta los 60 postparto. Estos hallazgos confirman que buenas prácticas de manejo durante el peri-parto y un período de espera voluntaria más adecuado y quizás más prolongado; combinados con un programa estratégico, son muy importantes para el éxito reproductivo del hato (Chebel).

Los hatos en el mejor 20% en eficiencia tuvieron más alto riesgo de inseminación (tasa de servicios), inseminaban más vacas con IATF y lograban mayores tasas de concepción tanto para las inseminaciones IATF como para aquéllas realizadas a celo natural. Así mismo, esos hatos identificaban las preñeces y las reconfirmaban de manera más temprana y también re-inseminaban las vacas más rápidamente, como lo demuestra el menor número de días para re-enrolamiento. Todas estas son características de un programa reproductivo robusto, necesarias para lograr un nivel más alto de éxito reproductivo. GI

Autor/es: Cavazos-García, F., López, H., González, A., Ruiz, L., Vergara, C

 

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El posparto temprano y sus implicaciones reproductivas en ganado lechero

 Reproducción:  

Mchos factores que ocurren en el periodo de transición pueden impactar la fertilidad en vacas lecheras. En estos factores están marcados por los abruptos cambios en la fisiología, requerimientos nutricionales y de manejo que la vaca experimenta en muy corto tiempo durante el período de transición. De otra parte, existen factores que tienen origen más allá del periodo de transición (antes o después), y que pueden tener consecuencias a largo plazo en el desempeño reproductivo de las vacas lecheras. La comodidad de las instalaciones y la oferta de alimento balanceado, palatable, fresco y abundante; competencia por espacio, criterios de agrupamiento del preparto, entre otros, tienen efecto en la ingesta de alimento, y depresión inmune lo que tiene gran impacto en producción y reproducción de la nueva lactancia. Los principios de agrupamiento tienen validez, no solo para la transición, sino para el post parto temprano, ya que las vacas menos favorecidas siguen siendo vulnerables hasta bien avanzada la lactancia.

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Hasta finales de los años 80, tiempo en que se adoptó de la tecnología de ultrasonido en tiempo real para monitorear estructuras ováricas, poco se conocía de la verdadera dinámica folicular en bovinos, y existía el concepto del crecimiento aleatorio e independiente de folículos durante el ciclo estral sin un patrón determinado. Sirois y Fortune, presentaron el primer reporte de caracterización de ondas de crecimiento folicular en bovinos usando la tecnología de ultrasonido.

El patrón de crecimiento de ondas foliculares en ganado lechero ha sido descrito en detalle por muchos autores desde entonces. Es así como, por ejemplo, la variación en el número de ondas foliculares por ciclo estral fue inicialmente asociada a factores como raza, balance energético, estado de lactancia, y número de partos. Estudios posteriores (Sartori et al., Buttler et al.), concluyeron que la ingesta de materia seca, e indirectamente la producción de leche, está fuertemente asociada con las variaciones en el número de ondas foliculares por ciclo estral, siendo menor el numero de ondas por ciclo para animales de alto consumo y mayor para animales de bajo consumo. Hoy también entendemos que la duración de una onda folicular desde su emergencia es de 6 a 10 días dependiendo del número de ondas por ciclo estral.

Contrario a la creencia de que el folículo ovulatorio inicia su desarrollo unos pocos días antes de la ovulación (duración de la onda folicular), su desarrollo en realidad se ha venido gestando por casi dos meses (Lussier et al.); de tal suerte que la calidad del folículo ovulatorio ha estado afectada por factores medioambientales, nutricionales y/o de manejo a los que la vaca ha sido sometida durante largos períodos. Esto explica porqué la baja fertilidad observada en los primeros meses de otoño, como un efecto rezagado del verano. En efecto estos folículos iniciaron desarrollo en medio del estrés calórico del verano. Este mismo concepto aplica a las vacas que inician en el programa reproductivo de la lechería muy temprano en su lactancia (corto PEV), pues se olvida en qué condiciones de estrés estuvo la vaca durante el periodo seco o de transición que acaba de transcurrir. De hecho, Do Amaral et al., identificaron graves efectos en la producción de vacas que fueron sometidas a estrés calórico durante el período seco, a pesar de que fueron alojadas en instalaciones con sistemas de enfriamiento después del parto. En este estudio, las vacas sometidas a estrés calórico parieron una semana antes de la fecha esperada de parto, sus crías fueron 13 kg más livianas, y su producción de leche por día hasta los 210 DEL fue 7.5 kg menos que las vacas que tuvieron sistemas de abatimiento del calor en el periodo seco. Estas vacas también tuvieron menor conversión de alimento, menor ingesta y menor de peso corporal al parto. A pesar de que este estudio no evaluó el efecto del estrés calórico en reproducción, los cambios metabólicos significativos reportados en mayor concentración de AGNE, y ABHB para este grupo de vacas sugieren un inevitable impacto negativo en fertilidad.

 

Existen razones nutricionales, fisiológicas y económicas para no iniciar la etapa reproductiva en vacas lecheras antes de los 50 DEL (Gráfica 1). El período de espera voluntario debe estar determinado por las metas reproductivas del hato, las cuales deben ser realistas y alcanzables para las condiciones específicas de la explotación. Estas condiciones se refieren a la edad al primer parto (vaquillas), la condición corporal de las hembras al secado, sus cambios en condición corporal a través del periodo seco y primeros 100 días de la lactancia, tipo y calidad de instalaciones, etc.

 

La meta es que las vacas deben entrar en el programa reproductivo (final del PEV) cuando hayan superado el punto más bajo del balance energético negativo (BEN) y estén ganando condición corporal. Es decir cuando van en franca recuperación ganado condición corporal, lo que sugiere una alta proporción de vacas ciclando con altas posibilidades de concepción al primer servicio post parto. De aquí se desprende que no hay un PEV que se pueda aplicar a todas las lecherías, y este dependerá del estatus nutricional que tiene al animal al momento de entrar al servicio. En condiciones normales se considera que el punto más bajo de la condición corporal se presenta a los 20 o 30 DEL, y se espera la vaca este en franca recuperación 50-55 días. Lo más importante es que las vacas estén ganando condición corporal al entrar al servicio, o que hayan superado ese punto mínimo del BEN.

Existe el concepto en algunos productores, de que el servicio de mejor fertilidad debe ser el segundo o el tercero. El impacto del primer servicio sobre el desempeño reproductivo del hato es significativamente mayor en el primer servicio que en cualquiera de los servicios subsiguientes, no solamente porque la población afectada en ese primer servicio es mayor, sino porque las vacas de mejor fertilidad representan una mayor proporción en el primer servicio que en los servicios siguientes. Dado que muchas de estas vacas no llegaran a un segundo servicio, la resultante es que las vacas de menor fertilidad representan una mayor proporción para el segundo y siguientes servicios. Los resultados de este ejercicio son altamente afectados por la tasa de inseminación. Más aun, se espera una mayor tasa de servicio en el primer ciclo después del PEV (>80%) que en los demás ciclos.

Por lo tanto, nos referiremos al número de ciclos después del PEV en lugar del número de servicios para incorporar la eficiencia del sistema en el tiempo. Fijémonos, Si Ud. tiene 1,000 vacas para primer ciclo y su tasa de concepción (TC) es de 30% al primer ciclo y 35% al segundo ciclo, Ud. Tendrá 294 preñeces al cabo de 4 ciclos (Tabla 1).

La tasa de preñez al primer ciclo (el de mayor impacto) es del 15% para la tabla 1.

Dalton y col., definieron la tasa de preñez al primer ciclo después del PEV como el factor de manejo que mayor impacto tiene el los futuros días abiertos de un establo. Ahora, asuma que su mejor fertilidad es 35% al primer ciclo, con la misma tasa de detección de celos (50%), como se ilustra en la tabla 2.

 

Ahora tiene 306 preñeces. Si Ud. solamente mira la tasa de preñez no ve la diferencia; es decir, una TP de 18% y tres de 15% para cada una de los dos ejemplos. Sin embargo, el efecto de una mayor tasa de preñez en el primer ciclo es magnificado (tabla 2, 18%), debido a una mayor población afectada en ese primer ciclo. De ahí que se generen más preñeces (306). Es un hecho que la tasa de detección de inseminación en el primer ciclo debe ser mayor que en ciclos posteriores, ya que las vacas cíclicas forman mayor proporción de la población a ser monitoreada.

Esto trae otro ingrediente, pues la mayor tasa de inseminación en el primer ciclo (~70%), implica que las ventajas de una alta TC al primer servicio son un mayores (tabla3).

Ahora tiene 429 preñeces después de cuatro ciclos. No solamente el indicador de TP es mayor (25%), sino que está afectando a un mayor número de vacas (700), y está sucediendo más temprano en la lactancia (primer ciclo).

Este concepto es básico para determinar un PEV que permita a las vacas superar el BEN, recuperar condición corporal, recuperar plenamente su funcionalidad reproductiva para tener altas probabilidades de éxito al primer servicio.

La baja fertilidad al primer servicio debe ser vista como una llamada de atención para mejorar las condiciones de manejo en el período de transición, y en muchos casos puede estar relacionado extremos cambios en CC mencionados anteriormente. Mantenga estas recomendaciones de instalaciones para el preparto y postparto temprano.

Ciclicidad

En condiciones normales, se espera que la mayoría de las vacas tengan su primera ovulación de 21 a 30 DEL. Más aun, de allí se desprende que la iniciación de los programas de presincronización con prostaglandina se recomienden después de los 35-40 DEL, cuando ya hay un cuerpo lúteo (CL) que responde al estimulo luteolítico de la prostaglandina. Sin embargo, ha sido establecido en varios estudios, que aproximadamente 22%-24% de las vacas de alta producción aun no han ciclado alrededor de los 60 DEL. Estos reportes han sido de vital importancia para entender 2 conceptos: Primero, no podemos esperar más del 80-85% de tasa real de inseminación en los corrales de servicios, si presumimos que por lo menos el 20% de las vacas aun no están ciclando unos pocos días después del final del PEV. Segundo, los programas de inseminación a tiempo fijo (IATF) no brindan resultados óptimos de fertilidad cuando la IATF se programa antes de los 70 DEL, por la misma razón (vacas que no responden al tratamiento de sincronización). Simultáneamente, la comunidad veterinaria ha tomado consciencia de la importancia de la tecnología de ultrasonido para identificar y calificar la presencia de estructuras ováricas en los chequeos ginecológicos de rutina, a fin de estimar la ciclicidad de las vacas que entran a servicio (para un diagnóstico concluyente se requieren dos exámenes con 10-14 días de intervalo y/o exámenes seriados de progesterona sérica).

 

Quistes Foliculares

 

Rodríguez et al, estudiaron el efecto de la pérdida de peso en los niveles de progesterona circulante y su posible asociación con la condición quística en vacas lecheras. Para tal fin, usaron vacas ovariectomizadas para eliminar la posibilidad de la presencia de progesterona proveniente de los ovarios. Luego aplicaron dispositivos intravaginales de progesterona para inducir el depósito progesterona en el tejido graso, tal como sucedería con el tejido grasa de la vaca gestante.

Posteriormente retiraron el dispositivo y distribuyeron las vacas en dos tratamientos con el objeto de mantener (MAINT) o inducir la pérdida de peso (LOSS) después de retirada la fuente de progesterona exógena. La gráfica 2 muestra los perfiles de progesterona circulante para ambos grupos.

Las vacas que perdieron peso luego de retirado el dispositivo, imitando la caída de progesterona normal luego del parto, presentaron niveles de progesterona superiores a las vacas que no perdieron peso a los pocos días de retirado el dispositivo. Presumiblemente, estos niveles de progesterona tienen origen en la movilización de reservas de tejido adiposo al torrente sanguíneo en mayor grado que las vacas que mantuvieron su peso corporal. Como resultado las vacas que perdieron peso, tenían mayor concentración de progesterona circulante, a pesar de que no había producción de progesterona en los ovarios.

Ahora bien, queda un eslabón faltante para consolidar la relación entre este hallazgo y la condición quística. Hatler et al., identificaron que las vacas quísticas parecían tener niveles intermedios de progesterona aun en la ausencia de un CL funcional, lo cual suena extraño. En ese momento en verdad no había bases para explicar el origen de esa progesterona. Ahora sabemos que esa progesterona parece provenir de la movilización de tejidos grasos. Tales niveles intermedios de progesterona, pueden tener un efecto inhibidor sobre las cascadas de LH, que son responsables de la ovulación, induciendo así la condición quística.

 

En condiciones de campo reales, esto suele suceder cuando las vacas son exigidas al máximo por producción de leche, o en hatos con deficiente manejo de los programas de transición (mezcle vacas primíparas y multíparas, sobre poblamiento, etc.), o fallas en el programa nutricional que lleve a una excesiva pérdida de peso en el postparto temprano.

Personal y asistencia al parto

El personal de las lecherías debe ser entrenado para las labores especificas de cada área del establo en que desempeñan (ordeño, alimentación, limpieza de corrales, atención de vacas de preparto, atención de vacas frescas, atención de vacas del hospital, cuidado de los becerros, etc). Cada posición del establo debe tener un manual de funciones que cada empleado debe conocer.

En general, las personas encargadas cada área no solo deben ser entrenadas, sino que deben ser monitoreados para garantizar calidad y consistencia en el desempeño. Las sesiones de reentrenamiento periódico para los empleados de los establos son prácticas comunes en las lecherías de los Estados Unidos. Particular atención se debe prestar al entrenamiento de asistencia al parto, pues la ansiedad por demostrar las habilidades recién aprendidas lleva a muchos empleados a tomar decisiones apresuradas de asistencia en vacas que no lo necesitan. La asistencia al parto es beneficiosa para animales que presentan evidente agotamiento, han trabajado infructuosamente por varias horas, o han cesado su trabajo de parto (las causas de tales situaciones no serán discutidas aquí: tamaño de la vaca, tamaño del becerro, posición y presentación del becerro, partos gemelares, etc.). La intervención en vacas que están haciendo un trabajo de parto progresivo y sin ayuda, bloquea de inmediato su trabajo de parto natural, llevando la vaca a la distocia cuando no era esa la dirección que llevaba el evento antes de la intervención.

Sobrealimentación de proteína

Las dietas con alto contenido de proteína han sido asociadas por muchos años con trastornos en la fertilidad. En condiciones fisiológicas normales, el pH uterino es de 7.04 durante el metaestro y diestro, y baja a niveles de 6.85 durante el proestro y estro, el cual es el pH normal del semen. Luego de la fertilización, el embrión necesita secreciones uterinas neutras para facilitar su desarrollo temprano e implantación. En las vacas alimentadas con dietas altas en proteína estas secreciones tiene un pH acido, creando un ambiente uterino similar al el estro, lo cual impide el desarrollo y la implantación del embrión. La tabla 4 resume el estudio de Elrod and Butler, la cual presenta el pH uterino observado en vaquillas vírgenes alimentadas con niveles normales, y altos en proteína para diferentes fases del ciclo estral.

Conclusión

Las probabilidades de éxito en un programa reproductivo dependen de un conjunto de factores que abarcan desde el manejo cuidadoso de nutrición, instalaciones, sistemas de abatimiento del estrés calórico desde el período seco, hasta el establecimiento de una nueva preñez y no exclusivamente de las actividades programadas y desarrolladas después del PEV. Más aun, el éxito de un programa reproductivo involucra un ciclo completo, integrando todas las fases productivas y reproductivas de la vaca para garantizar el éxito y rentabilidad de la explotación. GI

Autor/es: Humberto Rivera, Gerente de Servicios Reproductivos, Accelerated Genetics - USA

 

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Ciclo estral en bovinos

  Reproducción:  

Las hembras de los mamíferos presentan en su vida reproductiva una serie de eventos ováricos, endócrinos y conductuales que tienen la característica de ser cíclicos, y cuyo objetivo es garantizar el apareamiento con el macho para lograr una exitosa fertilización y gestación. A ellos se les conoce como ciclos estrales, que en el caso de los bovinos, se caracterizan por ser continuos a lo largo de todo el año.

En los bovinos estos ciclos estrales constan de cuatro etapas: proestro, estro, metaestro y diestro, las cuales se verán interrumpidas si después de la cópula se logra la fertilización, en cuyo caso las vacas presentarán un anestro

fisiológico.Debido a que la etapa del ciclo estral más fácil de reconocer es el estro, por ser en ella en la que la hembra busca, atrae y acepta la monta del macho, es la etapa con la que se inicia el ciclo estral, de modo que un ciclo se define como la etapa entre un estro y el siguiente.

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Control endócrino del ciclo estral

El control endócrino del ciclo estral se debe a una compleja interacción entre el hipotálamo, la hipófisis, el ovario y el útero. Las hormonas más importantes para este proceso son la kisspeptina, la GnRH y la oxitocina a nivel hipotalámico; las gonadotropinas: hormona foliculoestimulate (FSH) y hormona luteinizante (LH) producidas por la hipófisis; el estradiol, la progesterona, la inhibina y el IGF-I provenientes del ovario, así como la prostaglandina F2alfa (PGF2a) que es secretada por el endometrio uterino.

La kisspeptina es un péptido hipotalámico al que se le ha denominado como el regulador central, debido a que las neuronas que lo producen reciben

información ambiental y del propio organismo, que le indican el momento

óptimo para la reproducción, de modo que controla el inicio de la pubertad y la estacionalidad reproductiva.

Además, es inhibida durante la lactancia, bloqueando la actividad reproductiva de las hembras en ese momento.Por otro lado, la kisspeptina estimula la reproducción actuando en las neuronas productoras de GnRH para inducir su liberación. A su vez la GnRH estimula la liberación de LH y a un pulso de GnRH siempre corresponde un pulso de LH. Por su parte, los estrógenos foliculares tienen un efecto de retroalimentación positiva con LH, gracias al cual se logra la maduración folicular y se alcanzan los picos preovulatorios de estradiol y LH, este último responsable de la ovulación. El pico preovulatorio de LH se logra por un incremento en la frecuencia de pulsos de dicha hormona.

La liberación de FSH no requiere de GnRH, ya que es una hormona que se secreta en forma constitutiva, es decir constantemente, a menos que exista un estímulo inhibitorio. Dicho estímulo inhibitorio esta dado por los estrógenos y la inhibina, que son producidos por los folículos en desarrollo,

esencialmente por el folículo dominante. Por otro lado, la progesterona producida por el cuerpo lúteo bloquea la secreción de LH, disminuyendo la frecuencia de pulsos, de modo que la LH se mantiene en niveles basales, capaces de estimular la formación del cuerpo lúteo y de mantenerlo, al ser la principal hormona luteotrópica en bovinos. Lo anterior es logrado por una acción directa de progesterona a nivel hipofisiario,

bloqueando los receptores a GnRH.

Fases del ciclo estral:

Desde el punto de vista ovárico se habla de dos etapas del ciclo: una fase folicular, en la que ocurre la maduración del folículo ovulatorio y la ovulación; así como una fase lútea, caracterizada por la formación del cuerpo lúteo y la funcionalidad del mismo. Debe considerarse que el ciclo estral esta regulado por eventos

endócrinos del eje hipotálamo-hipofisiario- gonadal, los cuales son debidos en gran medida a las estructuras

ováricas que se desarrollan a lo largo del mismo. Es importante tener en cuenta que dentro de los bovinos existen dos grandes subespecies: el Bos taurus o ganado europeo y el Bos indicus, o ganado indobrazil; y entre ambas existen algunas diferencias

y particularidades en cuanto al ciclo estral y la manifestación de la conducta sexual. Cuadro 1

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Fase folicular, esta fase se caracteriza

porque las hormonas ováricas predominantes son los estrógenos, los cuales desencadenan el comportamiento

sexual y ocasionan que el aparato reproductivo sufra algunas adaptaciones para atraer al macho y prepararse para la cópula. Entre los cambios mas relevantes se puede apreciar un aumento en el volumen uterino, debido a una mayor irrigación del mismo y a que las glándulas endometriales entran en una fase proliferativa por lo que incrementan su tamaño. Lo anterior hace que el útero se sienta con una tonicidad mayor, es decir se palpe mas firme. Adicionalmente, el aumento en el aporte sanguíneo provoca hiperemia y congestión del epitelio vaginal y de la vulva. Por otro lado, para permitir el paso espermático el cérvix se abre e incrementa la producción de moco cervical. Las características de dicho moco son que es muy fluido, cristalino y abundante, por lo que es común ver la salida de dicho moco cervical por la vagina.

Esta fase puede dividirse a su vez en las etapas de proestro y estro.

• El proestro inicia cuando las concentraciones

de progesterona del ciclo

anterior han caído debido a que se

Duración del ciclo Fase Fase Pico de LH a Fin de estro a Rango Promedio folicular lútea ovulación ovulaciónBos taurus 18-24 d 21 d 4-6 d 14-18 d 28 hrs 4-16 hrsBos indicus 20.7-22 d 24 a 32 hrs

desencadenó la regresión del cuerpo lúteo (CL); y termina cuando inicia la conducta de receptibilidad sexual. Se caracteriza por un crecimiento acelerado del folículo dominante de la última oleada folicular del ciclo precedente, por lo que su duración depende del grado de desarrollo en el que se encuentre el folículo.

• Por su parte, el estro es conocido como la etapa de calor, celo o receptibilidad sexual, ya que solamente durante ella la hembra busca en forma activa al macho y acepta la monta y el apareamiento. En las vacas en estro se puede observar inquietud, inapetencia y un incremento en la locomoción y las vocalizaciones. Sin embargo, el signo más característico del celo en los bovinos es la conducta homosexual, en la cual las hembras se montan entre sí. En ganado Bos taurus se ha propuesto que la vaca que monta esta iniciando el celo, mientras que la que se deja montar se encuentra en franco celo. Sin embargo, en ganado Bos indicus ambas hembras son consideradas en estro. Es importante tener en cuenta que en los bovinos es común que el primer ciclo de una novillona o de una vaca posparto no sea detectado por el trabajador, el productor e incluso por el médico veterinario. El motivo de lo anterior es que al no haber un cuerpo lúteo del ciclo previo, las hembras no manifiestan la tradicional conducta de celo que desencadenan los estrógenos, por lo que se dice que ocurrió una ovulación silenciosa. La causa de que no se exprese la conducta estral es que a nivel del cerebro los estrógenos solo pueden actuar cuando la progesterona ha inducido la formación de receptores para ellos. Debido a que durante esta etapa ocurre el apareamiento, la musculatura del aparato reproductor presenta contracciones en respuesta a los estrógenos y las prostaglandinas,

para favorecer el transporte de los gametos con el fin de lograr la fertilización.

Por último, desde el punto de vista ovárico, durante la etapa de estro el folículo en desarrollo logra su madurez y alcanza su tamaño preovulatorio.

Fase lútea, durante esta fase el esteroide ovárico que predomina es la progesterona, cuya finalidad es mantener la gestación si la fertilización fue exitosa. Para lograr lo anterior, la progesterona causa que las glándulas

endometriales entren en su fase secretora y comiencen la producción de histiotrofe o leche uterina, para nutrir al producto. Adicionalmente, y gracias a la reducción en las concentraciones

de los estrógenos, el tono del útero disminuye, al igual que la hiperemia y el edema bulbar; el cérvix se cierra y el moco cervical se vuelve espeso, pegajoso, opaco y menos abundante, con la finalidad de aislar el útero del exterior, para impedir

la entrada de microorganismos que puedan comprometer la posible gestación.

La fase lútea consta de dos etapas: el metaestro y el diestro.

• El metaestro inicia cuando la hembra deja de aceptar la monta del macho, que en los bovinos se caracteriza porque en él ocurre la ovulación, 4 a 16 horas después de finalizado el estro, y el cuerpo hemorrágico

se transforma en un cuerpo lúteo. Esto se logra gracias a que el remanente folicular comienza a luteinizarse, para lo cual las células de la granulosa se diferencian en células esteroidogénicas lúteas grandes, que son capaces de secretar progesterona

en forma continua y liberan grandes cantidades de oxitocina, mientras que las células de la teca forman las células lúteas chicas, las cuales no secretan oxitocina y producen

progesterona en respuesta a LH. Una vez que ha ocurrido la ovulación y como consecuencia de la repentina

caída en las concentraciones de estradiol, algunas vacas pueden presentar un sangrado bulbar.

• El diestro constituye la etapa más larga del ciclo estral y se caracteriza por que el cuerpo lúteo se encuentra en su máxima actividad. Al final de esta fase, si no hubo fertilización, el cuerpo lúteo debe destruirse para permitir la presentación de un nuevo ciclo estral. A este proceso se le conoce como la luteólisis y se logra gracias a un mecanismo de retroalimentación

positiva entre oxitocina y prostaglandina F2alfa (PGF2a). Cuadro 2

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Desarrollo folicular

Como ya se mencionó, y puede verse en los eventos que ocurren a nivel ovárico, el desarrollo folicular juega un papel esencial en el ciclo estral. Esto se debe a que los folículos en crecimiento van modificando su respuesta a ciertas hormonas, a la vez que producen otras, las cuales interactúan para lograr la maduración final del folículo y la ovulación.

Las hembras tienen desde el nacimiento un número determinado de folículos y ovocitos, que en forma general sobrepasa considerablemente

la cantidad de ovocitos que serán ovulados en toda su vida, muchos de los cuales iniciarán su crecimiento pero no llegarán a ovular.

Al evento en el cual los folículos sufrirán regresión se le llama atresia y se calcula que ocurre en el 99% de los folículos ováricos, evento que puede suceder en cualquier momento del desarrollo, pero es más frecuente en los estadios de dependencia de gonadotropinas.

Debe considerarse que el desarrollo folicular es un evento constante, por lo que en los bovinos durante un ciclo estral se observan dos a tres oleadas de crecimiento folicular, las primeras de las cuales sufren atresia antes de alcanzar su madurez y lograr ovular. En general se ha visto que la primer oleada folicular inicia en el metaestro, después de la ovulación, habiéndose observado variaciones en el número de oleadas foliculares de acuerdo a la edad de las hembras. Cuadro 3

El desarrollo folicular se divide en las siguientes fase:

Desarrollo folicular inicial: esta fase puede iniciarse desde el desarrollo fetal y se caracteriza por el crecimiento

del ovocito y la proliferación de las células de la granulosa que lo rodean, con lo cual el folículo primordial se transforma en folículo primario. A pesar de que las células de la granulosa poseen receptores a FSH, las gonadotropinas no participan

en esta foliculogénesis inicial, por lo que factores ováricos y del propio folículo regulan el desarrollo. Entre

Proestro Estro Metaestro Diestro Novillas Vacas Bos taurus 3 d 12-14 hrs 14-7-2.8 hrs 2 d 15 dBos indicus 8.5 h Número de oleadas Folículos Diámetro del Tasa de Diámetro del foliculares reclutados folículo dominante desarrollo cuerpo lúteo Novilla Vacas (3-5 mm) folicularBos taurus 3 2 24 16-20 mm 1.1-2.0 mm/d 24.1-27.8 mmBos indicus 3 2-3 50 10-12 mm 0.9 mm/d 15.6-21.5 mm los principales factores se encuentra la superfamilia TGFb (transforming growth factor-b: growth differentiating

factor-9, GDF-9 y bone morphogenetic protein, BMP). Además de IGF-I, EGF, TGFa, inhibina y activina, entre otros. De todos ellos el IGF-I es necesario para el crecimiento folicular y la formación del antro.

Desarrollo folicular dependiente de gonadotropinas: Eventualmente los folículos en crecimiento se vuelven muy sensibles a las gonadotropinas y dependerán de ellas para alcanzar la madurez folicular. Esta fase consta de tres etapas: el reclutamiento, la selección y la dominancia. Durante la etapa de reclutamiento un grupo de folículos de aproximadamente 4mm de diámetro comienza su crecimiento en respuesta a concentraciones crecientes

de FSH. Estos folículos producen estradiol que, eventualmente, estimula la producción de inhibina. Ambas hormonas ejercen un efecto de retroalimentación negativa hacia la FSH a nivel hipofisiario. En ese momento, uno de los folículos reclutados,

que ha alcanzado un diámetro de 8 a 9 mm, se selecciona y se convierte en dominante. La selección se debe a que ese folículo comienza a desarrollar receptores a LH en las células

de la granulosa, lo cual le permite continuar su crecimiento aún cuando las concentraciones circulantes de FSH estén cayendo por efecto del estradiol y la inhibina, que él mismo produce. Esto último hace que el folículo seleccionado se transforme en dominante, ya que inhibe el crecimiento

del resto de los folículos que aún dependen de FSH. Debe considerarse que el folículo dominante continúa produciendo factores como el IGF-I, la activina y la foliculostatina, que siguen participando en el crecimiento

y madurez del mismo. Los bovinos son una especie monotoca, es decir que en forma general tienen una sola cría por gestación, sin embargo, se ha visto que en ganado productor de leche, a mayor producción láctea se incrementa la codominancia folicular,

promoviendo las gestaciones gemelares.

Por otro lado, la razón de que durante la fase lútea se desarrollen oleadas foliculares es que la progesterona producida por el cuerpo lúteo inhibe la frecuencia de pulsos de LH, por lo que los folículos dominantes no obtienen el suficiente aporte de dicha hormona para lograr su maduración final y su ovulación, causándose la atresia del folículo. En ese momento cesa la producción de estradiol y la secreción de FSH se reanuda dando inicio a un nuevo reclutamiento folicular.

Al final del diestro, cuando las concentraciones de progesterona comienzan a disminuir por efecto de la luteolisis, los estrógenos foliculares estimulan la secreción de LH y la última oleada folicular continúa su crecimiento y maduración hasta que se desencadena la ovulación. GI

Rangel PLE*

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