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El posparto temprano y sus implicaciones reproductivas en ganado lechero Destacado

El posparto temprano y sus implicaciones reproductivas en ganado lechero

 Reproducción:  

Mchos factores que ocurren en el periodo de transición pueden impactar la fertilidad en vacas lecheras. En estos factores están marcados por los abruptos cambios en la fisiología, requerimientos nutricionales y de manejo que la vaca experimenta en muy corto tiempo durante el período de transición. De otra parte, existen factores que tienen origen más allá del periodo de transición (antes o después), y que pueden tener consecuencias a largo plazo en el desempeño reproductivo de las vacas lecheras. La comodidad de las instalaciones y la oferta de alimento balanceado, palatable, fresco y abundante; competencia por espacio, criterios de agrupamiento del preparto, entre otros, tienen efecto en la ingesta de alimento, y depresión inmune lo que tiene gran impacto en producción y reproducción de la nueva lactancia. Los principios de agrupamiento tienen validez, no solo para la transición, sino para el post parto temprano, ya que las vacas menos favorecidas siguen siendo vulnerables hasta bien avanzada la lactancia.

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Hasta finales de los años 80, tiempo en que se adoptó de la tecnología de ultrasonido en tiempo real para monitorear estructuras ováricas, poco se conocía de la verdadera dinámica folicular en bovinos, y existía el concepto del crecimiento aleatorio e independiente de folículos durante el ciclo estral sin un patrón determinado. Sirois y Fortune, presentaron el primer reporte de caracterización de ondas de crecimiento folicular en bovinos usando la tecnología de ultrasonido.

El patrón de crecimiento de ondas foliculares en ganado lechero ha sido descrito en detalle por muchos autores desde entonces. Es así como, por ejemplo, la variación en el número de ondas foliculares por ciclo estral fue inicialmente asociada a factores como raza, balance energético, estado de lactancia, y número de partos. Estudios posteriores (Sartori et al., Buttler et al.), concluyeron que la ingesta de materia seca, e indirectamente la producción de leche, está fuertemente asociada con las variaciones en el número de ondas foliculares por ciclo estral, siendo menor el numero de ondas por ciclo para animales de alto consumo y mayor para animales de bajo consumo. Hoy también entendemos que la duración de una onda folicular desde su emergencia es de 6 a 10 días dependiendo del número de ondas por ciclo estral.

Contrario a la creencia de que el folículo ovulatorio inicia su desarrollo unos pocos días antes de la ovulación (duración de la onda folicular), su desarrollo en realidad se ha venido gestando por casi dos meses (Lussier et al.); de tal suerte que la calidad del folículo ovulatorio ha estado afectada por factores medioambientales, nutricionales y/o de manejo a los que la vaca ha sido sometida durante largos períodos. Esto explica porqué la baja fertilidad observada en los primeros meses de otoño, como un efecto rezagado del verano. En efecto estos folículos iniciaron desarrollo en medio del estrés calórico del verano. Este mismo concepto aplica a las vacas que inician en el programa reproductivo de la lechería muy temprano en su lactancia (corto PEV), pues se olvida en qué condiciones de estrés estuvo la vaca durante el periodo seco o de transición que acaba de transcurrir. De hecho, Do Amaral et al., identificaron graves efectos en la producción de vacas que fueron sometidas a estrés calórico durante el período seco, a pesar de que fueron alojadas en instalaciones con sistemas de enfriamiento después del parto. En este estudio, las vacas sometidas a estrés calórico parieron una semana antes de la fecha esperada de parto, sus crías fueron 13 kg más livianas, y su producción de leche por día hasta los 210 DEL fue 7.5 kg menos que las vacas que tuvieron sistemas de abatimiento del calor en el periodo seco. Estas vacas también tuvieron menor conversión de alimento, menor ingesta y menor de peso corporal al parto. A pesar de que este estudio no evaluó el efecto del estrés calórico en reproducción, los cambios metabólicos significativos reportados en mayor concentración de AGNE, y ABHB para este grupo de vacas sugieren un inevitable impacto negativo en fertilidad.

 

Existen razones nutricionales, fisiológicas y económicas para no iniciar la etapa reproductiva en vacas lecheras antes de los 50 DEL (Gráfica 1). El período de espera voluntario debe estar determinado por las metas reproductivas del hato, las cuales deben ser realistas y alcanzables para las condiciones específicas de la explotación. Estas condiciones se refieren a la edad al primer parto (vaquillas), la condición corporal de las hembras al secado, sus cambios en condición corporal a través del periodo seco y primeros 100 días de la lactancia, tipo y calidad de instalaciones, etc.

 

La meta es que las vacas deben entrar en el programa reproductivo (final del PEV) cuando hayan superado el punto más bajo del balance energético negativo (BEN) y estén ganando condición corporal. Es decir cuando van en franca recuperación ganado condición corporal, lo que sugiere una alta proporción de vacas ciclando con altas posibilidades de concepción al primer servicio post parto. De aquí se desprende que no hay un PEV que se pueda aplicar a todas las lecherías, y este dependerá del estatus nutricional que tiene al animal al momento de entrar al servicio. En condiciones normales se considera que el punto más bajo de la condición corporal se presenta a los 20 o 30 DEL, y se espera la vaca este en franca recuperación 50-55 días. Lo más importante es que las vacas estén ganando condición corporal al entrar al servicio, o que hayan superado ese punto mínimo del BEN.

Existe el concepto en algunos productores, de que el servicio de mejor fertilidad debe ser el segundo o el tercero. El impacto del primer servicio sobre el desempeño reproductivo del hato es significativamente mayor en el primer servicio que en cualquiera de los servicios subsiguientes, no solamente porque la población afectada en ese primer servicio es mayor, sino porque las vacas de mejor fertilidad representan una mayor proporción en el primer servicio que en los servicios siguientes. Dado que muchas de estas vacas no llegaran a un segundo servicio, la resultante es que las vacas de menor fertilidad representan una mayor proporción para el segundo y siguientes servicios. Los resultados de este ejercicio son altamente afectados por la tasa de inseminación. Más aun, se espera una mayor tasa de servicio en el primer ciclo después del PEV (>80%) que en los demás ciclos.

Por lo tanto, nos referiremos al número de ciclos después del PEV en lugar del número de servicios para incorporar la eficiencia del sistema en el tiempo. Fijémonos, Si Ud. tiene 1,000 vacas para primer ciclo y su tasa de concepción (TC) es de 30% al primer ciclo y 35% al segundo ciclo, Ud. Tendrá 294 preñeces al cabo de 4 ciclos (Tabla 1).

La tasa de preñez al primer ciclo (el de mayor impacto) es del 15% para la tabla 1.

Dalton y col., definieron la tasa de preñez al primer ciclo después del PEV como el factor de manejo que mayor impacto tiene el los futuros días abiertos de un establo. Ahora, asuma que su mejor fertilidad es 35% al primer ciclo, con la misma tasa de detección de celos (50%), como se ilustra en la tabla 2.

 

Ahora tiene 306 preñeces. Si Ud. solamente mira la tasa de preñez no ve la diferencia; es decir, una TP de 18% y tres de 15% para cada una de los dos ejemplos. Sin embargo, el efecto de una mayor tasa de preñez en el primer ciclo es magnificado (tabla 2, 18%), debido a una mayor población afectada en ese primer ciclo. De ahí que se generen más preñeces (306). Es un hecho que la tasa de detección de inseminación en el primer ciclo debe ser mayor que en ciclos posteriores, ya que las vacas cíclicas forman mayor proporción de la población a ser monitoreada.

Esto trae otro ingrediente, pues la mayor tasa de inseminación en el primer ciclo (~70%), implica que las ventajas de una alta TC al primer servicio son un mayores (tabla3).

Ahora tiene 429 preñeces después de cuatro ciclos. No solamente el indicador de TP es mayor (25%), sino que está afectando a un mayor número de vacas (700), y está sucediendo más temprano en la lactancia (primer ciclo).

Este concepto es básico para determinar un PEV que permita a las vacas superar el BEN, recuperar condición corporal, recuperar plenamente su funcionalidad reproductiva para tener altas probabilidades de éxito al primer servicio.

La baja fertilidad al primer servicio debe ser vista como una llamada de atención para mejorar las condiciones de manejo en el período de transición, y en muchos casos puede estar relacionado extremos cambios en CC mencionados anteriormente. Mantenga estas recomendaciones de instalaciones para el preparto y postparto temprano.

Ciclicidad

En condiciones normales, se espera que la mayoría de las vacas tengan su primera ovulación de 21 a 30 DEL. Más aun, de allí se desprende que la iniciación de los programas de presincronización con prostaglandina se recomienden después de los 35-40 DEL, cuando ya hay un cuerpo lúteo (CL) que responde al estimulo luteolítico de la prostaglandina. Sin embargo, ha sido establecido en varios estudios, que aproximadamente 22%-24% de las vacas de alta producción aun no han ciclado alrededor de los 60 DEL. Estos reportes han sido de vital importancia para entender 2 conceptos: Primero, no podemos esperar más del 80-85% de tasa real de inseminación en los corrales de servicios, si presumimos que por lo menos el 20% de las vacas aun no están ciclando unos pocos días después del final del PEV. Segundo, los programas de inseminación a tiempo fijo (IATF) no brindan resultados óptimos de fertilidad cuando la IATF se programa antes de los 70 DEL, por la misma razón (vacas que no responden al tratamiento de sincronización). Simultáneamente, la comunidad veterinaria ha tomado consciencia de la importancia de la tecnología de ultrasonido para identificar y calificar la presencia de estructuras ováricas en los chequeos ginecológicos de rutina, a fin de estimar la ciclicidad de las vacas que entran a servicio (para un diagnóstico concluyente se requieren dos exámenes con 10-14 días de intervalo y/o exámenes seriados de progesterona sérica).

 

Quistes Foliculares

 

Rodríguez et al, estudiaron el efecto de la pérdida de peso en los niveles de progesterona circulante y su posible asociación con la condición quística en vacas lecheras. Para tal fin, usaron vacas ovariectomizadas para eliminar la posibilidad de la presencia de progesterona proveniente de los ovarios. Luego aplicaron dispositivos intravaginales de progesterona para inducir el depósito progesterona en el tejido graso, tal como sucedería con el tejido grasa de la vaca gestante.

Posteriormente retiraron el dispositivo y distribuyeron las vacas en dos tratamientos con el objeto de mantener (MAINT) o inducir la pérdida de peso (LOSS) después de retirada la fuente de progesterona exógena. La gráfica 2 muestra los perfiles de progesterona circulante para ambos grupos.

Las vacas que perdieron peso luego de retirado el dispositivo, imitando la caída de progesterona normal luego del parto, presentaron niveles de progesterona superiores a las vacas que no perdieron peso a los pocos días de retirado el dispositivo. Presumiblemente, estos niveles de progesterona tienen origen en la movilización de reservas de tejido adiposo al torrente sanguíneo en mayor grado que las vacas que mantuvieron su peso corporal. Como resultado las vacas que perdieron peso, tenían mayor concentración de progesterona circulante, a pesar de que no había producción de progesterona en los ovarios.

Ahora bien, queda un eslabón faltante para consolidar la relación entre este hallazgo y la condición quística. Hatler et al., identificaron que las vacas quísticas parecían tener niveles intermedios de progesterona aun en la ausencia de un CL funcional, lo cual suena extraño. En ese momento en verdad no había bases para explicar el origen de esa progesterona. Ahora sabemos que esa progesterona parece provenir de la movilización de tejidos grasos. Tales niveles intermedios de progesterona, pueden tener un efecto inhibidor sobre las cascadas de LH, que son responsables de la ovulación, induciendo así la condición quística.

 

En condiciones de campo reales, esto suele suceder cuando las vacas son exigidas al máximo por producción de leche, o en hatos con deficiente manejo de los programas de transición (mezcle vacas primíparas y multíparas, sobre poblamiento, etc.), o fallas en el programa nutricional que lleve a una excesiva pérdida de peso en el postparto temprano.

Personal y asistencia al parto

El personal de las lecherías debe ser entrenado para las labores especificas de cada área del establo en que desempeñan (ordeño, alimentación, limpieza de corrales, atención de vacas de preparto, atención de vacas frescas, atención de vacas del hospital, cuidado de los becerros, etc). Cada posición del establo debe tener un manual de funciones que cada empleado debe conocer.

En general, las personas encargadas cada área no solo deben ser entrenadas, sino que deben ser monitoreados para garantizar calidad y consistencia en el desempeño. Las sesiones de reentrenamiento periódico para los empleados de los establos son prácticas comunes en las lecherías de los Estados Unidos. Particular atención se debe prestar al entrenamiento de asistencia al parto, pues la ansiedad por demostrar las habilidades recién aprendidas lleva a muchos empleados a tomar decisiones apresuradas de asistencia en vacas que no lo necesitan. La asistencia al parto es beneficiosa para animales que presentan evidente agotamiento, han trabajado infructuosamente por varias horas, o han cesado su trabajo de parto (las causas de tales situaciones no serán discutidas aquí: tamaño de la vaca, tamaño del becerro, posición y presentación del becerro, partos gemelares, etc.). La intervención en vacas que están haciendo un trabajo de parto progresivo y sin ayuda, bloquea de inmediato su trabajo de parto natural, llevando la vaca a la distocia cuando no era esa la dirección que llevaba el evento antes de la intervención.

Sobrealimentación de proteína

Las dietas con alto contenido de proteína han sido asociadas por muchos años con trastornos en la fertilidad. En condiciones fisiológicas normales, el pH uterino es de 7.04 durante el metaestro y diestro, y baja a niveles de 6.85 durante el proestro y estro, el cual es el pH normal del semen. Luego de la fertilización, el embrión necesita secreciones uterinas neutras para facilitar su desarrollo temprano e implantación. En las vacas alimentadas con dietas altas en proteína estas secreciones tiene un pH acido, creando un ambiente uterino similar al el estro, lo cual impide el desarrollo y la implantación del embrión. La tabla 4 resume el estudio de Elrod and Butler, la cual presenta el pH uterino observado en vaquillas vírgenes alimentadas con niveles normales, y altos en proteína para diferentes fases del ciclo estral.

Conclusión

Las probabilidades de éxito en un programa reproductivo dependen de un conjunto de factores que abarcan desde el manejo cuidadoso de nutrición, instalaciones, sistemas de abatimiento del estrés calórico desde el período seco, hasta el establecimiento de una nueva preñez y no exclusivamente de las actividades programadas y desarrolladas después del PEV. Más aun, el éxito de un programa reproductivo involucra un ciclo completo, integrando todas las fases productivas y reproductivas de la vaca para garantizar el éxito y rentabilidad de la explotación. GI

Autor/es: Humberto Rivera, Gerente de Servicios Reproductivos, Accelerated Genetics - USA

 

Modificado por última vez enViernes, 04 Julio 2014 14:17
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