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Importancia de los perfiles metabólicos y su repercusión en la salud y producción de leche en ganado vacuno (Segunda parte)

Importancia de los perfiles metabólicos y su repercusión en la salud y producción de leche en ganado vacuno (Segunda parte)

El número de eritrocitos disminuye con la edad, así los terneros recién nacidos presentaban valores por encima de 8 x 106/μl, decreciendo a los 12 meses de edad, para disminuir ligeramente de los 2 a los 8 años de edad, y siendo más bajos en vacas con avanzada. El sexo no parece influir en los valores eritrocitarios. El estado psiológico puede alterar los niveles de eritrocitos, aumentando entre el periodo gestacional y el parto (3,84 x 106/μl con 120 días de gestación y 8,29 x 106/μl al parto), y en el postparto (6,3 x 106/μl y 6,2 x 106/μl a los 8 días y 30 días postparto respectivamente). 

El estrés puede aumentar el número de eritrocitos circulantes, como con- secuencia de la liberación de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina), lo que causa aumento de la presión sanguínea y contracción esplénica, movilizando los eritrocitos hacia la circulación. 

Hemoglobina (Hb) La hemoglobina (Hb) es una proteína con peso molecular entre 66.000 a 69.000 D, compuesta por cuatro cadenas polipeptídicas (globinas), cada una de ellas conectada a un grupo hemo, que contiene una molécula de hierro. Su principal función consiste en el transporte de O2 desde los pulmones a los diferentes tejidos, mientras que en dirección opuesta será transporta- do el CO2. Secundariamente interviene en el mantenimiento del equilibrio ácido/base. Los valores considerados como siológicos para especie bovina, expresados en g/dl, oscilan entre 8,0 y 14,0. Además de los factores indicados en el número de eritrocitos, la época del año, por sus variaciones de temperatura, puede influir en los niveles séricos de la hemoglobina. El empobrecimiento de la alimentación reduce significativamente los valores de la hemoglobina, si bien este efecto puede ser modificado con suplementación de alimento. En aquellas regiones con diferencias de altitud, temperatura y humedad se pueden provocar variaciones en los parámetros hematológicos, teniendo en cuenta que las zonas de mayor altitud presentan siempre valores más altos. El sexo influye sobre los valores de hemoglobina, mostrando los machos valores mayores que las hembras. La edad modifica la cantidad de hemoglobina, en terneros se ha encontrado una disminución desde el nacimiento hasta el primer año de vida (12,5 g/dl a 9,7 g/dl), que continua de manera progresiva con el avance de la edad hasta los 5 años. A partir de esta edad y hasta los 8 años observaron valores estables. El ejercicio físico y el estrés aumentan los niveles de hemoglobina, probablemente como consecuencia de la liberación de catecolaminas. También la concentración de hemoglobina pueden variar en función de la raza, con diferencias significativas entre Holstein y animales pardo-suizo (11,4 ± 1,4 g/dl y 10,4 ± 1,3 g/dl respectivamente). No está claro si la producción influye en las concentraciones de hemoglobina, así Rowlands et al., y Larson et al., observaron una relación negativa entre las concentraciones de hemoglobina y la producción mientras que Jones et al., si hallaron una relación positiva entre producción y concentraciones de hemoglobina. Tampoco está claro si la concentración de hemoglobina está relacionado con el estado siológico, Hewett., observó que vacas en inicio de lactación presentan altos índices de hemoglobina, atribuyéndolo a una deshidratación parcial ocurrida durante el parto; mientras que Holter et al., y Ghergariu et al., no observaron diferencias significativas en las concentraciones de hemoglobina entre los periodos inicial de gestación, final de gestación y lactación. 

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Hematocrito (Hto) 

El hematocrito o volumen globular empaquetado (PCV, Packed Cell Volume) expresa el porcentaje de células en la sangre. El hematocrito di ere en función del sexo, encontrando los valores más altos en terneras (54,8%) y los más bajos en toros (51,9%). El hematocrito puede sufrir modificaciones con la edad de los animales, y no es recomendable interpretar el hematocrito de animales jóvenes utilizando las variaciones normales para adultos. Los animales jóvenes poseen un hematocrito más elevado, por ello los terneros presentan valores mayores al nacer (43%) para ir decreciendo posteriormente a los 12 meses (hasta 35,9%). También el estado siológico puede alterar los niveles del hematocrito. 

La época del año provoca una reducción en el hematocrito durante los meses cálidos, justificado por el aumento de la destrucción de las células y por la hemodilución provo- cada por el aumento del agua en el sistema circulatorio para evaporación y refrigeración corporal. También se han encontrado variaciones del hematocrito debidas a factores raciales, con valores entre 31,6 y 58,2%. 

Parámetros eritrocitarios. Volumen corpuscular medio (VCM), Hemoglobina corpuscular media (HCM) y Concentración media de hemoglobina corpuscular (CHCM). El VCM se re ere al tamaño medio de los eritrocitos, que puede ser normal (normocítico), menor que el normal (microcítico) y mayor que el normal (macrocítico), que se expresa en femtolitros ( ) o micras cúbicas (μ3). La HCM es la media de peso de la hemoglobina contenida en los eritro- citos, medida en picogramos (pg). La CHCM es la concentración media de hemoglobina por eritrocito y se mide en g/dl de eritrocitos. El VCM, la HCM y la CMHC son simples cálculos aritméticos a partir del hematocrito, de la hemoglobina y del recuento de eritrocitos. El VCM oscila entre 40 y 60 , la HCM varía de 11 a 17 pg y la CMHC está alrededor de 35 g/dl independientemente de la especie animal y del tamaño del eritrocito. La CHCM es usada para distinguir las anemias normocrómicas de las hipocrómicas. Ancho de distribución de los eritrocitos (RDW). El RDW (Red cell Distribution Width) es un índice de la variación del tamaño celular entre la población de glóbulos rojos. Aunque normalmente los eritrocitos tienen un tamaño similar, en ciertas situaciones se pueden alterar este tamaño. Es una medida electrónica de la anisocitosis, por ello el RDW aumenta su valor al aumentar el grado de anisocitosis. La unidad es el , si bien en ocasiones se expresa en %. La Universidad de Cornell indica valores para el ganado bovino entre 16,2 y 19,7 %, mientras que Myers., señala cifras entre 18,3 y 27,9 %. 

Leucocitos o glóbulos blancos. Los leucocitos, formados tanto en la médula ósea como en el tejido linfoide se pueden dividir en granulocitos, incluyendo los neutró los, eosinó los y basó los, y los agranulocitos, que a su vez incluyen a los linfocitos y a los monocitos. Los valores leucocitarios para la especie bovina oscilan entre 4.000 y 12.000/μl. La edad, el estado siológico y la estación del año pueden influir sobre el número de leucocitos y sobre la proporción de sus diferentes formas; mientras que el sexo no modi ca de forma signicativa el número de glóbulos blancos en la especie bovina. La mayoría de los autores señalan altos recuentos de leucocitos en terneros recién nacidos, seguidos de un declive en las primeras semanas de vida, para nuevamente elevarse. Este cambio se debe principalmente al declive de los neutró los tras el nacimiento, seguido de una compensación con el aumento de la cantidad de linfocitos. En vacas de leche el valor máximo de leucocitos se da con 5-7 años, decreciendo posteriormente. El estado siológico altera los niveles de leucocitos; en vacas preñadas se observa una leucocitosis hasta el tercer mes de gestación, ocurriendo posteriormente una caída gradual, apareciendo una segunda leucocitosis en las dos semanas que anteceden al parto, un marcado aumento el día del parto y una caída rápida semejante en los días posteriores al parto, con retorno a la normalidad en4a6días.Elnúmerode leucocitos totales puede sufrir variaciones en función de la es- tación del año, aumentando en los meses fríos y con posterior aumento en los meses de mayor calor (9.500 leucocitos/μl). El aumento presentado en meses fríos está relacionado con una neutrofilia en relación a los linfocitos circulantes. Relación de glóbulos blancos y recuento diferencial de glóbulos blancos. El recuento total de leucocitos es fundamental para el diagnóstico de enfermedades inflamatorias/infecciosas en la mayoría de las especies; sin embargo en bovinos éste no es un método adecuado porque los glóbulos blancos raramente aumentan acentuadamente. En esta especie el recuento total de leucocitos refleja sólo el equilibrio entre la producción medular y su utilización. El recuento diferencial está considerado como un método muy adecuado; expresa la cantidad de cada grupo celular, granulocitos o agranulocitos, presentes en la muestra. Los resultados pueden ser presentados en porcentaje (o en valores elativos, que pueden conducir a errores de interpretación), o representar el número de células por microlitro, que corresponderá al llamado valor absoluto. 

Según Kerr., las células predominan- tes son los linfocitos, con una relación neutró los/linfocitos de 30/70. Para este autor el número absoluto de cada tipo celular es muy importan- te, ya que los leucocitos tienden a reaccionar de forma independiente en diferentes cuadros morbosos. En opinión de Jain., el factor racial parece no ejercer efectos sobre la variación del tipo de glóbulos blancos de la especie bovina. 

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Plaquetas. Las plaquetas son las partículas más pequeñas del frotis sanguíneo. Son pequeños fragmentos de células, no nucleadas, en forma de disco, producidas en médula ósea, pulmón y bazo, que son liberadas en la sangre periférica. Las plaquetas son funcionalmente importantes en la homeostasis sanguínea, aunque también intervienen en la vasoconstricción en virtud de su contenido en serotonina, como opsoninas conectándose a bacterias o virus, favoreciendo así la fagocitosis, y en producción y liberación del factor de proliferación de células de la musculatura lisa y endotelial. 

Perfil bioquímico. Aunque existen múltiples variaciones entre los laboratorios, un per l bioquímico en un rumiante debe incluir los siguientes sustratos y enzimas: glucosa, proteínas séricas (proteínas totales y albú- mina), nitrógeno ureico, creatinina, lactato, electrolitos (sodio, cloruro y potasio), enzimas (fosfatasa alcalina [ALP], gamma-glutamil transferasa [GGT], alanino aminotransferasa [ALT]), aspartato aminotransferasa [AST] y creatin quinasa [CK]), bilirrubina, minerales (calcio, fósforo y magnesio). Además, la concentración de anión gap (AG) y las globulinas, que son valores calculados, si no son proporcionadas se puede determinar fácilmente. Otros analitos que pueden ser realizados por algunos laboratorios, pero que no forman parte de un per l de rutina puede incluir ácidos bi- liares, amoníaco, colesterol, cuerpos cetónicos (BOHB), ácidos grasos no esteri cados (NEFA), pH y dióxido de carbono total (tCO2). Aunque existe cierta superposición con ciertos analitos, un enfoque práctico para la evaluación de un per l de bioquímico clínico es agrupar los parámetros por sistemas corporales e interpretar los resultados en consecuencia. 

Glucosa. En los rumiantes el metabolismo de la glucosa es único, ya que esencialmente no absorben glucosa preformada desde el intestino, sino que la obtienen a través de la neoglucogénesis. El intervalo de referencia reportado para la glucosa sérica en los rumiantes (50-70 mg/dl) es más bajo que el señalado para especies no rumiantes y son más bajos para el ganado adulto en comparación con los terneros. Los eritrocitos metabolizan la glucosa in vitro a una tasa de aproximadamente 10% por hora a temperatura ambiente. Debido a ello, y a que continúa el consumo de glucosa por las células, el suero debe ser separado del coágulo antes de 30 minutos. Alternativamente, se pueden usar tubos que contienen fluoruro de sodio y sobre todo en sospecha de hipoglucemia como en situaciones de estrés, miedo o dolor severo, enfermedades neurológicas, desplazamiento de abomaso, vólvulo abomasal, o la obstrucción duodenal proximal; así como tras la administración de xilazina, corticosteroides, o soluciones que contienen dextrosa y en animales moribundos. La hiperglucemia, mediada por la epinefrina o por glucocorticoides endógenos, inducida por el estrés puede estar acompañada de glucosuria transitoria. La terapia con esteroides, endógenos o exógenos, aumentan la gluconeogénesis y aumentan la glucosa en suero. La xilazina provoca una hiperglucemia dependiente de la osis que persiste durante más de 6 horas. Una marcada hiperglucemia (desde 250 hasta 1000 mg/dl) se ha descrito en bóvidos con obstrucción duodenal proximal, sin embargo en nuestra experiencia el estrés y la dis- minución de la utilización de glucosa periférica secundaria al shock y la deshidratación, pueden contribuir a una hiperglucemia extrema. Así la glucosa sanguínea en la raza de lidia es mucho más elevada que en razas mansas, posiblemente debido a mayor secreción de cortisol como respuesta al estrés, propio de la raza de lidia, que se relaciona con el temperamento y la excitabilidad característica de estos animales. Por tanto, y en nuestra opinión, la intensísima hipergluemia no sólo es debido al estrés, sino también al intenso ejercicio realizado, lo que ha provocado una movilización de varias fuentes de energía, y aunque existe una importante demanda energética por el organismo, la glucosa no puede ser metabolizada. Ello es debido, entre otros factores, a una hipoxia en el animal (con bajos valores de presión parcial de oxígeno y altos niveles de dióxido de carbono), acumulándose la glucosa en sangre. A ello debe sumarse la intensa deshidratación existente en los toros, causada por pérdida de agua mediante sudoración, micción e incluso sangrado, que provoca una gran hiperglucemia por hemoconcentración, hasta valores difícilmente creíbles, con un valor máximo de 58,7 mmol/l (1065 mg/ dl). El valor medio encontrado supera hasta 7 veces el valor medio que Kaneko et al., han considerado normal para el ganado vacuno. Aunque bastante raro, la diabetes mellitus se ha informado en el ganado vacuno, y en ovejas, y causa hiperglucemia persistente y glucosuria si no se trata. A diferencia de otras especies, la hiperglucemia postprandial es mínima o ausente en rumiantes adultos debido a la fermentación microbiana de carbohidratos de la dieta en el rumen. 

La hipoglucemia veces acompaña a la cetosis en el ganado lechero, pero también se han descrito vacas cetóticas hiperglucémicos. Terneros recién nacidos con diarreas de mala absorción, la septicemia, o la desnutrición pueden tener concentraciones profundamente bajas de glucosa sérica. La hipoglucemia puede ser vista en la toxemia de la gestación de vacas, ovejas y yeguas. 

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NEFA o ácidos grasos no esterificados y B- OHB o B-hidroxibutirato. El éxito de una vaca viene determinado por su nivel productivo, por la recuperación de la función reproductiva postparto y por la ausencia de alteraciones patológicas. Sin lugar a duda, estos objetivos de- penden en gran medida del estado del animal en sus primeros días postparto. Tanto es así, que el nivel de producción, el nivel de ingestión y algunos parámetros sanguíneos (NEFA y cuerpos cetónicos) en la primera semana postparto son buenos indicadores de la calidad de la lactación que se inicia, lo que indi- ca que una buena lactación requiere necesariamente un buen programa de manejo y alimentación preparto. El fracaso en el proceso de adaptación en el periodo de transición, y sobre todo en el parto, da como resultado una serie de alteraciones productivas y patológicas, que se manifestan como enfermedades del periparto, entre las que se incluyen la cetosis, el desplazamiento de abomaso, la retención de placenta, la mamitis, la reducción de la producción y algunos problemas reproductivos. El balance energético es el resultado de la diferencia entre las necesidades del animal y los aportes alimentarios. Así durante las 2-4 últimas semanas de preñez se produce un importante aumento de las necesidades energéticas debido al desarrollo fetal y a la síntesis de calostro. Además esta situación se acompaña de una disminución en la ingestión de materia seca (sobre todo en la última semana de gestación). Estas dos circunstancias conducen, con frecuencia, al desarro- llo de un balance energético negativo (BEN) que se inicia unas semanas antes del parto. Por ello la vaca se ve obligada a compensar los dé cits de energía a través de la movilización de grasa corporal. El dé cit energético produce a una disminución de los niveles de glucosa y de insulina en sangre, que estimulan la movilización de grasa. Además, existen una serie de condicionantes que favorecen la movilización de grasa, entre los que destacan la situación estrogénica propia del periparto (que favorece la movilización de grasa), el estrés causado por el manejo inadecuado y una posible hipocalcemia (quizá subclínica, que se asocia a una dismi- nución de la ingestión de materia seca y el consecuente dé cit energético). La movilización de grasa resulta en un aumento en los ácidos grasos no es- teri cados en sangre (NEFA) que son utilizados por el hígado, como fuente de energía (oxidación). Cuando la movilización de los NEFA es excesiva, se saturan las vías de metabolización y exportación de lípidos, y se generan vías hepáticas alternativas, entre ellas que la formación de cuerpos cetóni- cos y la formación y almacenamiento hepático de triglicéridos. Cuando esta situación se desarrolla durante el preparto, disminuye notablemente la capacidad de adaptación del hígado para el periodo postparto, lo que predispone al desarrollo del síndrome cetosis-hígado graso. Los cuerpos cetónicos, producto del metabolismo de los ácidos grasos, son el bhidroxibutirato, acetoacetato y acetona. La cetosis es una enfermedad metabólica que afecta principalmente a vacas lecheras de alta producción, entre la 2a y 8a semana posparto y que se caracteriza por disminución en la glucemia y aumento de la concentración de los cuerpos cetónicos en tejidos y fluuidos orgánicos. La cetosis, en sus formas clínica y subclínica es una de las enfermedades metabólicas más frecuentes en los rebaños lecheros generando un impacto negativo debido al costo de tratamiento, a la merma en la producción de leche y mayor incidencia de enfermedades y problemas reproductivos. La determinación de B-OHB plasmático es considerada la prueba de oro para el diagnóstico de cetosis subclínica, si bien su determinación en muestras de leche presenta una alta especi cidad (98 al 100%) y una baja sensibilidad (5 al 44%), cuando se utiliza como punto de corte la concentración 1,4 mmol/L]; por otro lado, utilizando muestras de orina con el mismo pun- to de corte, la misma prueba presenta una especificidad de 96 a 99% y un incremento en la sensibilidad (49 a 76%). La cetosis subclínica se carac- teriza por presentar concentraciones plasmáticas de B-OHB mayores a 1,4 mmol/L, sin signos clínicos aparentes, por lo cual pasa desapercibida en los rebaños lecheros. Concentraciones plasmáticas de 1,2 mmol/L incremen- tan en 4,7 veces la presentación de cetosis clínica, mientras que concentraciones de 1,0 mmol/L en la primera semana posparto reducen en un 25% la tasa de preñez en la primera inseminación. Por otro lado, las concentraciones de B-OHB plasmático de 0,6 mmol/L son indicadoras de BEN en el rebaño. El monitoreo del balance energético mediante la determinación de la concentración plasmática de NEFA es otra herramienta diagnóstica de la movilización lipídica desde el preparto y sirve para predecir el riesgo de presentación de cetosis subclínica, así concentraciones de NEFA mayores a 300 μmol/L en el preparto incrementan la presentación de cetosis en 3,6%. 

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Continuará... 

Modificado por última vez enViernes, 16 Diciembre 2016 10:38
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